El Carnaval de Barranquilla no solo se vive con baile, música y alegría; también se siente en el corazón cuando la fiesta se detiene para recordar a quienes dejaron huella imborrable en la cultura popular. En su noche inaugural, la celebración más importante del Caribe colombiano regaló un instante de profunda emoción, en el que la música y la memoria se unieron para rendir homenaje a una voz que sigue viva en el recuerdo de su público.
La capital del Atlántico vivió una jornada cargada de emociones desde el Estadio Romelio Martínez, donde la cultura y la música se fusionaron en un espectáculo multitudinario. En medio de aplausos, comparsas y coreografías, fue coronada la nueva soberana del carnaval, Michelle Char, junto al rey Momo Adolfo Maury Cabrera, quienes recibieron el cariño del público en una ceremonia llena de simbolismo.

La música llevó el homenaje al corazón del público
La noche tomó un matiz especial cuando subió al escenario el cantante cartagenero Juan Carlos Coronel, quien fue uno de los encargados de conectar la tradición con la memoria musical. Coronel abrió su presentación recordando a una de las figuras eternas del carnaval, el inolvidable Joe Arroyo, cuyo repertorio sigue siendo parte esencial de la identidad barranquillera.
Sin embargo, el momento más conmovedor llegó minutos después. En la pantalla central apareció la imagen de Yeison Jiménez, generando un silencio respetuoso en el estadio. Acto seguido, Coronel interpretó el tema Aventurero, una de las canciones más recordadas del artista popular.
Durante varios segundos el público permaneció en silencio, pero pronto la emoción se transformó en un coro colectivo. Miles de asistentes cantaron cada verso, convirtiendo el homenaje en una mezcla de nostalgia, celebración y reconocimiento. La escena dejó claro que el legado del cantante sigue resonando con fuerza entre los amantes de la música popular colombiana.

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Un carnaval que celebra la vida y la memoria
El tributo a Yeison Jiménez reafirma que el Carnaval de Barranquilla no solo es una fiesta de disfraces y comparsas, sino también un espacio donde la cultura reconoce a quienes han construido su historia musical. Este tipo de homenajes fortalecen el vínculo emocional entre el público y los artistas, y recuerdan que la música es un patrimonio vivo que se transmite de generación en generación.
La ovación final del público selló una noche inolvidable, en la que la tradición y el sentimiento caminaron juntos. Barranquilla demostró, una vez más, que su carnaval no solo se baila: también se siente.

