El lugar más pequeño del mundo, la cabina más difícilmente accesible, la calle más empinada del mundo, un pueblo con el nombre más estrambótico que se pueda imaginar, la escultura de un hombre en llamas bajo el mar… En definitiva: lugares más que raros a los que jamás irías por el simple hecho de observar los citados (¿cómo llamarlos?)… lugares.

No habrá muchos capaces de cruzar medio mundo para ‘admirar’ alguna de estas rarezas, si bien es cierto, y justo señalarlo, puede que tras conocer algunos de estos curiosos escenarios haya más de uno que decida, si su viaje es por otro motivo a sus cercanías, aproximarse a curiosear. Porque de todos modos y por raro que parezca, el saber, aunque a veces no sirva de mucho o no de tanto, no ocupa lugar.

Una cabina pública en mitad del desierto. Puede que haya incluso más de 1001 razones para viajar a California, pero no parece suficiente motivo ir allá para ver la aislada e insólita cabina de Mojave, en el National Preserve (California, EE UU). Tal vez en el futuro próximo estas cabinas, estén donde estén, sean lugares tan extraños que se conviertan en monumentos o atractivos turísticos. Pero en este caso, el asunto es: ¿por qué hay una cabina de teléfono público situada a 24 metros de la autopista más cercana y a miles de kilómetros de un centro urbano?

Una calle, pura cuesta. Se llama Baldwin Street, está ubicada en los suburbios de Nueva Zelanda en el sur de la ciudad de Dunedin, y es una calle que sin tener museos, monumentos o arquitectura que admirar se ha convertido en una de las más famosas. El motivo: ser la calle más empinada del mundo con un 35% de inclinación.

Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrn drobwllllantysiliogogogoch. Parece, pero no, no es una broma. No hay título para mejorar lo que ya el nombre de este pueblo posee y es el nombre probablemente más largo, raro e inexplicable que haya el hombre dado a un lugar. El significado le habría dado a alguno de nuestros autores medievales, tal vez a Berceo, para un al menos un largo poema: “La iglesia de Santa María en el hueco del avellano blanco cerca de un torbellino rápido y la iglesia de San Tisilo cerca de la gruta roja”.

Una pared forrada con chicles. Hay varios lugares que cuentan con este curioso para algunos atractivo turístico, para otros una manera de que los chicles no se peguen en la suela de los zapatos. Mejor en la pared que en el suelo, pensarán algunos, y sobre todo los que han decorado (porque de las vistas ésta es la que se lleva el primer puesto) la pared de chicles de Berlín. Algunos artistas han querido hasta convertir en obra de arte el trabajo con chicle y emulan edificios, figuras y lo que uno quiera o pueda pensar. ¿Arte moderno?

Un Mazinger Z de 10 metros en Tarragona. Creado en diciembre de 1972, un maduro ya, el personaje manga sigue teniendo tirón. De 18 metros de altura en la ficción, este gigantesco robot fue obra de Go Nagai y en Mas del Plata (Tarragona) decidieron a principios de los ochenta darle un merecido homenaje. No llegaron a su altura real, pero apostaron fuerte: la estatua mide 10 metros, está hecha de fibra de vidrio. Ni los blogs más frikis saben a quién atribuir la autoría de esta obra, sólo que era el ‘monumento’ que presidiera la entrada a la urbanización. Actualmente se encuentra en mitad de un pinar.

Una capilla con pinta de prisión y edificada en un risco. Construida en 1956 esta igledia llamada Chapel of the Holy Hopes, está edificada en una especie de risco de las Mystic Hills de Sedona. Unos dicen que es un lugar lleno de paz, pero otros cuentan que de paz nada: águilas, serpientes y zorros lo habitan. La escultora Marguerite Burnswid Staude ideó esta capilla tras tener una visión.

Un hombre en llamas hasta debajo del agua. ¿Cuántos han viajado a Cancún con el objetivo de adentrarse en el museo subacuático de Arte llamado MUSA y en el que se reproduce al ser humano en diferentes actitudes? Entre las imposibles pero reales creaciones, ésta es una de las más extrañas. Es la escultura de Joaquín, un pescador local. Sumergida a 8 metros de profundidad, fue construida con un cemento que fue perforado más de 75 veces para plantar esquejes de coral de fuego. Situado junto a otras esculturas en las aguas que rodean Cancún, Isla Mujeres y Punta Nizuc, este museo es idea de Jason de Caires Taylor, cuyo objetivo es una mayor concienciación medioambiental.

Una base naval por hogar. La micronación más pequeña del mundo consta de 550 metros cuadrados y está en… una base naval, construida en 1942. En mitad del mar se alza Sealand, bautizada así lo que fuera una antigua plataforma marina, Roughs Tower. No demasiado cómoda como ‘nación’ pero con unas buenas e innegables vistas al mar. Como mucho, y raramente, viven en ella una familia de cinco miembros, aunque lo cierto es que ya apenas pasan por allí. Sin embargo sigue siendo un estado, aunque eso sí: autodeclarado. Situada en el Mar del Norte está a 10 kilómetros de la costa inglesa de Suffolk. Reclamaron durante años una soberanía pero no ha sido reconocido por país alguno.

Tomado de uniradionoticias.com

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