Una mujer de 22 años se convirtió en la persona más joven en los Estados Unidos en recibir un trasplante de cara, tres años después de un fallido intento de suicidio.

Katie Stubblefield no recuerda el día en que intentó quitarse la vida en el baño de la casa de su hermano mayor en Mississippi el 25 de marzo de 2014, ni mucho las cosas que vivió los meses posteriores.

En una investigación especial del National Geographic se dará a conocer detalles de todo lo que ocurrió ese trágico día, y todos los procesos por los que ha pasado Katie para recuperar la forma de su rostro.  

Su hermano, Robert, le confesó a la famosa revista que cuando oyó el disparo subió corriendo las escaleras, y cuando entró al baño encontró a Katie en el piso y “su rostro ya no estaba”.   

La chica que en ese momento tenía 18 años, fue llevada de inmediato al hospital más cercano, y para sorpresa de los médicos que la recibieron, la mujer aún seguía con vida.  

En la primera revisión los galenos encontraron en Katie lesiones intracraneales, por lo que fue necesario trasladarla a otra clínica. Al llegar allí fue estabilizada. Le realizaron una traqueotomía, fijaron la mandíbula y los pómulos, cerraron los párpados para que sus córneas pudieran sanar y arreglaron una membrana cerebral rota.

Luego de esto, Stubblefield se sometió a un sinfín de operaciones.  

Pero el 4 de mayo de 2017 hizo historia al ser la persona más joven en recibir un trasplante de cara, intervención que duró 31 horas y que contó con la participación de once cirujanos.  

La operación permitió restaurar su estructura facial, además, le permitió masticar, tragar y respirar por sí misma.  

Katie es la persona número 40 en el mundo en recibir un trasplante de cara. Sin embargo,  su caso fue diferente a las anteriores, no solo por ser la persona más joven, sino que fue el trasplante de cara más largo jamás realizado, lo que llevó al equipo quirúrgico a nuevos límites.

¿Qué la llevó a tomar la dramática decisión?  

Según cuenta el reportaje, Katie estaba pasando por incómodos y severos problemas de salud. Dos meses antes de intentar suicidarse, le sacaron el apéndice, situación que le generó problemas digestivos. Luego le extirparon la vesícula biliar.

En medio de su lucha por mejorar, la joven descubrió que su novio la engañaba con otra mujer. Tras enfrentarlo, ella terminó con la relación.

Fue a la casa de su hermano angustiada, y después de un rato, fue al baño y se pegó un tiro bajo la barbilla con su rifle de caza calibre .308. 

Después de todos estos años, Katie aseguró tener una segunda oportunidad en la vida, y todo gracias a la donación del rostro que ahora posee y que en otra oportunidad perteneció a Adrea Schneider.  

Adrea era una mujer de 31 años que murió a consecuencia de una sobredosis de drogas, y que antes de fallecer se había postulado como donante voluntaria de todos sus órganos.

Actualmente Katie está tomando un cóctel de medicamentos inmunosupresores mientras continúa la terapia para volver a aprender a caminar, moverse, hablar y leer Braille.

Fuente Sistema Integrado Digital

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