Casos como el de la reconocida actriz Eileen Moreno, que fue golpeada por su expareja sentimental Alejandro García en medio de una pelea, y el de Diana Luna, una joven de 23 años que debió hacerse la muerta para sobrevivir al ataque de su exnovio, alertan una vez más sobre la problemática de la violencia intrafamiliar en el país.

Aunque muchas veces el término se toma a la ligera, es importante reconocer qué abarca la ley y las diferentes rutas que tienen las entidades para contrarrestar este tema.

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La violencia intrafamiliar en Colombia, según Jesús Parra, director del Consultorio Jurídico de la Universidad Autónoma, es cuando un miembro del núcleo familiar le causa agresión de palabra o de hecho a otro integrante de la misma familia.

Pero este tipo de agresiones no solo se presentan en mujeres, pues niños, niñas y hombres también hacen parte de este flagelo.

“Al día se presentan mínimo dos o tres casos de violencia intrafamiliar. Lo que más se presenta es que la esposa o compañera permanente denuncie a su esposo por agresiones físicas. Entre un 5 y 10% se da cuando los papás agreden a sus hijos”, indicó Parra, en un vídeo publicado por la Fiscalía General de la Nación.

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Asimismo, tenga en cuenta que si está siendo víctima de violencia intrafamiliar puede denunciar ante por vía civil ante las comisarías de familia, en la Personería de Bogotá, en Bienestar Familiar y a través del sector salud. De igual forma,  por medio de la Fiscalía General puede denunciar el hecho por vía penal.

Además, tenga presente los siguientes “síntomas” que pueden alertar si usted está sufriendo de violencia intrafamiliar: 

Reconocer las señales a tiempo permitirá que se tomen las medidas pertinentes.

La victima se excusa y exculpa a su maltratador, a la vez que se culpa a sí misma.
Los abusadores se niegan a reconocer o aceptar las opiniones o ideas de sus parejas como válidas y, en cambio, se burlan de ellas.
El agredido percibe la hostilidad pero no está seguro si la cosa va en serio o es una broma. El agresor descalifica, en un principio de forma soterrada, y posteriormente ya lo hace directamente.
En un primer momento de la fase de dominación, la víctima obedece para contentar a su compañero, posteriormente lo hace porque tiene miedo.
Otro de los síntomas es la privación de la expresión libre del otro, por ejemplo, a través del cuestionamiento y el enjuiciamiento con respecto las expresiones de la víctima.
Los agresores se niegan a asumir la responsabilidad de sus acciones y encuentran formas de culpar por cualquier cosa que salga mal a su pareja. Manipulan la realidad, distorsionarán la verdad o mienten abiertamente para demostrar que su pareja es la culpable.
La comunicación no es directa: el que maltrata no utiliza un lenguaje claro y directo. Es sinuoso e indirecto. No responde ante preguntas o lo hace con gestos reprobadores, rechaza el diálogo y niega la existencia de conflicto.
La víctima va perdiendo el sentido crítico y la capacidad de defenderse, se mantiene en un modo dependiente, mostrando su seguimiento hacia la pareja maltratadora, que ejerce un dominio destructivo.
Fuente Sistema Integrado Digital

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