Este miércoles 24 de octubre se lleva a cabo un simulacro de evacuación que sirve de preparación en caso de una emergencia como un terremoto. Una actividad que se hace cada año y que a menudo es tomada a la ligera por muchos. Sin embargo, la posibilidad de un sismo en una ciudad como Bogotá no es tan descabellada, y tal vez por eso sea necesario recordar la vez la capital quedó en las ruinas tras fuertes movimientos telúricos.

La catástrofe ocurrió en el año de 1917, pero su historia (o leyenda) se remonta noventa años antes, en 1827, cuando el sacerdote Francisco Margallo -cuya fama de vidente en la época era célebre- lanzó la siguiente profecía: “El 31 de agosto de un año que no diré, sucesivos terremotos destruirán a Santa Fe”.

Los años siguientes el pánico se tomó a la ciudadanía, que salía de Bogotá los días previos al 31 de agosto. Esto dado que Margollo ya había predicho temblores. Pero con el tiempo, sus palabras quedaron en el olvido.

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Hasta que el 31 de agosto de 1917, a las 6:36 de la mañana, un fuerte sismo de magnitud 7,3 sacudió violentamente la ciudad. Bogotá, que en ese entonces tenía unos 100 mil habitantes y su extremo norte iba hasta lo que hoy es Chapinero. Sus pobladores fueron testigos de la destrucción.

Según cronistas de la época, más de 300 edificaciones entre iglesias, edificios públicos y viviendas resultaron averiadas y 40 más quedaron destruidas, principalmente en los barrios Las Cruces, San Bernardo, Santa Inés, Liévano (actual Parque Tercer Milenio) y Chapinero, convirtiéndose así en el sismo que más ha afectado la capital.

Edificios icónicos como el Capitolio, el Palacio de Nariño, la Catedral Primada, Monserrate, el hospital San Juan de Dios, estaciones de tren, entre otros, tuvieron graves fallas en su estructura. Seis personas murieron bajo los escombros de la iglesia de Lourdes.

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Otras siete réplicas se registraron en el mismo día, lo cual extendió el miedo en los habitantes, muchos de los cuales dejaron sus cosas para irse a vivir a la sabana. Otros montaron improvisados campamentos en las calles. La destrucción provocó una crisis hospitalaria sin precedentes, ya que los enfermos tuvieron que ser evacuados ante la posibilidad de que los centros médicos se vinieran abajo.

Pero este no fue el primer ni el último caso de terremoto que se registró en la ciudad. En 1785, cuando la Nueva Granada todavía era una colonia española, un sismo de magnitud 6,9 se sintió en el territorio nacional, en especial en Bogotá. Tal fue la conmoción que este hecho se convirtió en la primer noticia impresa en el país.

El 9 de febrero de 1967 un terremoto con epicentro en Huila terminó afectando de manera significativa a la capital, donde trece personas murieron y más de 10 resultaron heridos. Además colapsaron edificaciones como el Palacio Liévano y la Casa de Nariño.

Fuente Sistema Integrado Digital

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