No cabe duda de que José Pékerman es uno de los técnicos más influyentes en la Selección Colombia, para bien o para mal. El hecho de haber estado en el banco de la ‘Tricolor’ en dos Campeonatos Mundiales de Fútbol marca una huella perenne en la emergente historia del combinado nacional.

Sin embargo, no todo han sido aciertos en su gestión y la campaña desarrollada al frente del representativo colombiano está llena de contrastes, de algunos momentos lúcidos y otros lúgubres y decepcionantes.

En casi siete años de trabajo con la ‘Tricolor’, el balance sobre José Pékerman está dividido entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo equivocado, lo justo y lo injusto; dos caras que arrojan parámetros desde los cuales se puede analizar su gestión.

Lo bueno

– Dos clasificaciones consecutivas a Mundiales: Colombia estuvo 16 años sin asistir a una cita mundialista y bajo el mandato del argentino se clasificó a Brasil 2014 y Rusia 2018

– Dos primeros lugares en fase de grupos de mundiales: no deja de ser un hecho a destacar que Colombia, en sus dos últimas participaciones en la Copa del Mundo, cerró la fase de grupos como el mejor de su zona.

– Construyó armonía con la afición: en un país polarizado por cualquier causa, la empatía de José Pékerman con el público de Colombia resultó decisivo en el apoyo y en el ambiente con el que se arropó a la ‘Tricolor’, fundamentalmente en el primer ciclo.

– Posee un buen manejo de grupo: salvo contadas excepciones, el grupo de jugadores respaldaron al cuerpo técnico con entrega, sacrificio y lealtad, circunstancia difícil de lograr cuando no existe química entre el líder y sus subalternos. La credibilidad de Pékerman en el seno de la plantilla no está en discusión, por lo menos, en apariencia.

Lo malo

– Insistencia con jugadores fuera de nivel y lesionados en detrimento de otros con mejor rendimiento: ya sea por agradecimiento, excesiva confianza o por ardides del misterio, Pékerman insistió en convocar y alinear a jugadores bajos de ritmo, de nivel y, en ocasiones, lesionados. Aún no se entiende cómo llegó Abel Aguilar a Rusia 2018 y Edwin Cardona debió ver el Mundial por televisión.

– Nunca pudo con los equipos grandes o históricos: bajo la batuta de José Pékerman, Colombia brilló cuando su antagonista caminó entre sombras, pero si los reflectores eran compartidos, su equipo se achicó y optó por cumplir un rol secundario y temeroso. Nunca pudo con las potencias; el más claro ejemplo fue Argentina: con crisis dirigencial y deportiva a cuestas, hizo lo que quiso con el combinado nacional cada vez que lo enfrentó.

– Su relación con Pascual Lezcano es nociva para la Selección: ¿Cuál es la función de Lezcano en la selección? ¿Qué le aporta al equipo? ¿Por qué nunca hubo un pronunciamiento oficial al respecto? ¿Es cierto que las convocatorias se hacían a conveniencia de sus negocios particulares?

– En los últimos 4 años no se supo a qué jugaba Colombia: Después de Brasil 2014, Colombia no volvió a retomar el juego; el técnico no pudo guiar al equipo y marcarle una ruta a través de un plan de juego, un sistema, un módulo y una estrategia. El peso específico de las individualidades alcanzó ante rivales débiles, pero con equipos serios las falencias fueron notorias.

Fuente Antena 2

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